Día Internacional de la Lengua China

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Desde que era pequeña en mi natal México, y a través de mi lengua materna, sin darme cuenta adquirí estereotipos  sobre China y en particular, sobre lo complicado que es entender la lengua de los habitantes del otrora Imperio Medio. ¿Cuántas veces no hemos escuchado y utilizado expresiones cotidianas como, por ejemplo, el decir que algo “está en chino” como sinónimo de gran dificultad? Debo confesar que en la escuela nunca profesé un particular interés por este país, en parte debido a la lejanía y al desconocimiento generalizado sobre China en Occidente. No obstante, con el espíritu entusiasta y aventurero de una joven recién egresada de la universidad decidí buscar oportunidades para explorar la nueva frontera del mundo. Quería comprobar por mí misma las maravillas del desarrollo espectacular de este país que en aquel entonces tenía apenas pocos años de haber entrado a la OMC. También tenía curiosidad por probar de primera mano si el aprendizaje de su idioma era realmente tan arduo como todo el mundo afirmaba. “Total, no puede ser tan difícil” pensé, y acepté una beca para venir a estudiar a China (donde continúo hasta hoy día), sin saber en ese entonces que esa decisión alteraría drásticamente el curso de mi vida profesional.

Al llegar a China no comprendía ni una palabra de lo que me decían, y como en aquél entonces el uso del inglés entre los locales no era tan generalizado, no quedaba más que utilizar señas o esperar a que algún otro extranjero se apiadara de uno para ayudar a traducir. Por lo tanto, las primeras semanas de estancia en este país fueron las más provechosas, pues absorbía el conocimiento cual esponja, ya que cualquier palabra o expresión nueva marcaban la diferencia entre una comunicación fácil y fluida o un diálogo turbulento y problemático con, por ejemplo, un taxista, que al desesperarse por no comprender lo que uno le decía optaba por la sencilla solución de bajarlo a uno del taxi y conseguir a otro pasajero con mejores habilidades lingüísticas (lo cual todavía llega a ocurrir en la actualidad). Estar en China sin hablar chino era como estar en la jungla: había que luchar arduamente para sobrevivir, y mi mejor arma era el idioma.

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Conforme el tiempo pasaba y a pesar de que mi entusiasmo por estudiar chino iba en aumento, así también se incrementaban los miles de caracteres que me esperaban por aprender y que constituyen la forma escrita de este idioma, cuya pronunciación puede cambiar de acuerdo a cuál de los cuatro tonos fonéticos se le asigne; y su significado, de acuerdo a la idea de la cual se generó el carácter y a los otros caracteres que le acompañen. Mi principal reto al aprender este idioma tan diferente fue tener que diseñar una nueva forma de estudiarlo, pues como no tiene nada en común con otras lenguas extranjeras que yo conocía, había que hacer las cosas de manera distinta. Para aprender caracteres, por ejemplo, no hay más que hacer como los niños chinos: planas y repetición hasta el cansancio. Para los sonidos, hay que memorizar la pronunciación de cada carácter ya que en chino los caracteres son ideogramas por lo cual no existe una relación clara con su pronunciación tal como ocurre en las letras de nuestro alfabeto, y uno debe fiarse en la experiencia previa y en la memoria.

Como premio de consolación, hay aspectos del idioma que me parecen más fáciles que en el español, tal como la gramática -en sus niveles más básicos-. Por ejemplo, en chino uno no se tiene que preocupar por conjugar verbos de acuerdo al tiempo y pronombre. Basta con utilizar el verbo en infinitivo anteponiéndole alguna cláusula indicativa de tiempo, así como un pronombre, y el resto se sobreentiende sin necesidad de quebrarse la cabeza (como lo hacen los chinos que estudian español) intentando memorizar la conjugación de verbos irregulares o tiempos verbales que muchas veces ya han caído en desuso. Asimismo, el idioma chino mandarín es muy lógico y al descomponer las palabras, uno se da cuenta de ello y entonces todo hace sentido. Los caracteres que conforman la palabra “bosque” (森林), por ejemplo, no son más que un “conjunto de árboles” (木).

¿Para qué estudiar chino mandarín? Abundan las razones. Para empezar, es la lengua más hablada del mundo cuyo desarrollo data de más de 4,000 años de antigüedad, y es una de las seis lenguas oficiales de la ONU. Por otra parte, su idioma abre la puerta a comprender la gigantesca riqueza cultural de esta civilización milenaria. Además, China está adquiriendo una creciente preponderancia en el escenario internacional, tanto en lo político como en lo económico: Si se quiere comprender a China hay que estudiar su pasado para poder entender su cosmovisión y su forma de actuar en el presente y futuro. Por lo tanto, es hora de dejar de decir que algo “está en chino” y ponerse a estudiar el idioma para cerrar la brecha y entendernos mejor. Los chinos ya han empezado a hacerlo, pues cada día que paso en este país me asombro más al descubrir la gran cantidad de personas que dominan el español, muchos de ellos sin siquiera haber salido de su país. El chino y el español son dos de las lenguas más habladas en el mundo. Tendamos un puente hacia el entendimiento mutuo y reduzcamos la gran brecha lingüística que nos separa.

 

Escrito por Melissa Jamin Beyer, Secretaria Segunda del Ministerio de Agricultura Mexicano en China. Ex-becaria de la V Edición del Programa “Jóvenes Líderes Iberoamericanos” de la Fundación Carolina y miembro de la Red Iberoamericana de Jóvenes Líderes (REDIJL)

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