Reflexiones sobre liderazgo y felicidad en Iberoamérica

En el marco del Día Internacional de la Felicidad, nos planteamos el estado actual de satisfacción de vida en Iberoamérica y cómo, desde el liderazgo, podemos contribuir a mejorarlo en el futuro.

Por Christian Wrzosek

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Desde el año 2013, cada 20 de marzo las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de la Felicidad, destacando el rol primordial que la misma ocupa en la vida de todos los seres humanos.

Anualmente, la Organización emite un informe sobre el estado de la felicidad mundial, el cual en esta ocasión clasifica por un lado 156 países en función de sus niveles de felicidad y por otro, 117 países según la felicidad de sus inmigrantes.

 

Este año, además de medir los niveles y cambios en la felicidad alrededor del mundo, el informe analiza también la migración dentro y entre los distintos países.

El ranking de felicidad 2018 ha sido elaborado en base a los resultados de la Encuesta Mundial de Gallup 2015 – 2017, la cual evalúa de manera homogénea las opiniones de miles de personas a lo largo y ancho del globo.

En esta ocasión y como es costumbre, los países nórdicos lideran el ranking general, el cual exhibe un top ten compuesto por el mismo grupo de países por tercer año consecutivo, aunque con ciertos desplazamientos entre ellos. Tal es el caso de Finlandia, que trepó desde la quinta posición hasta la primera, desplazando de esta manera a Noruega, que quedó en segundo lugar. Más abajo se ubicaron Dinamarca, Islandia y Suiza.

De los países iberoamericanos se destaca la situación de Costa Rica, la que ostenta un admirable décimo tercer lugar, ubicándose así por encima de países como Alemania, Estados Unidos y Reino Unido. Otros estados iberoamericanos que se encontraron en las primeras treinta posiciones son: México (24), Chile (25), Panamá (27), Brasil (28), Argentina (29) y Guatemala (30).

Las posiciones más bajas del ranking son ocupadas principalmente por países de Medio Oriente y África Central, lo cual lamentablemente no sorprende si se tiene en cuenta las deplorables condiciones de vida y escaza cohesión social que existe en gran parte de estas regiones.

En cuanto a los cambios relativos en la clasificación, sobresale el feliz desempeño de Togo, escalando 17 posiciones y la triste realidad de Venezuela, la cual exhibe la peor performance de la tabla, perdiendo 2.2 puntos de calificación en una escala del 0 al 10 y pasando de la posición 82 a la 102.

Por otro lado, el informe muestra que las posiciones que ocupan los países en función de la felicidad de sus inmigrantes son prácticamente iguales a las que exhiben en el ranking general. Esto deja de manifiesto que la felicidad de los inmigrantes depende sustancialmente del lugar en donde estén viviendo. No obstante, esta convergencia con los niveles de felicidad de la población local, si bien es rápida, no es completa. Existe un efecto “arrastre” de los niveles de felicidad del país de origen. Este efecto explica en parte por qué la felicidad de los inmigrantes es un poco menor que la de las personas locales en los países más felices y un poco mayor en los países menos felices.

Otro factor importante que contribuye a explicar este fenómeno es la actitud de la población local frente a la inmigración. Cuanto mayor sea el grado de aceptación de los inmigrantes por parte de los ciudadanos locales, mayor será el nivel de felicidad para ambos grupos (en proporciones prácticamente iguales).

Finalmente, en un intento por entender las razones de los distintos niveles de felicidad de cada país, los autores del reporte han identificado seis variables claves que contribuyen a la explicación de la felicidad en las sociedades: PIB per cápita, asistencia social, esperanza y calidad de vida, libertad social, generosidad y ausencia de corrupción.

En la propia esencia de la Red Iberoamericana de Jóvenes Líderes se encuentra la búsqueda de la felicidad y bienestar de sus pueblos, por lo que estos seis elementos ocupan y ocuparán cada vez más un lugar primordial en la agenda de proyectos y actividades de la Red.

La corrupción y falta de transparencia sigue siendo un problema trascendental en buena parte de Latinoamérica y las libertades civiles y derechos humanos están siendo vulnerados en algunos estados y directamente aplastados en otros.

Esta situación, que atenta contra el bienestar y felicidad de las sociedades, requiere de liderazgos jóvenes que, desde la actividad pública, el sector privado y la academia, promuevan cambios estructurales conducentes al establecimiento de estados eficientes y democráticos, con gobernantes responsables y comprometidos con sus ciudadanos.

Desde la Red Iberoamericana de Jóvenes Líderes buscamos potenciar esos liderazgos.

 

Artículo escrito por Christian Wrzosek, ex-becario de la XIV Edición del Programa “Jóvenes Líderes Iberoamericanos” de la Fundación Carolina en 2016 y miembro de la Red Iberoamericana de Jóvenes Líderes (REDIJL), donde participa activamente como colaborador del Comité de Proyectos.

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